“Los Tres Pilares Del Yoga” – Parte 2

<h4>Cómo Llevar tu Práctica de Yoga a un Nivel Superior.

Los Tres Pilares del Yoga
¿Por qué en ese orden: precisión, percepción e integración?

Yo respondería a esa pregunta con una pregunta. ¿Dónde está… en qué área de su cuerpo, o de su mente, o de todo lo que les define como ser humano; dónde está la conciencia? ¿De qué zona de ustedes mismos son conscientes en este momento? La respuesta es simple, de la piel.

La conciencia, en el ser humano corriente, está de la piel hacia afuera. Sufrimos de una extroversión enorme, con respecto a la capacidad de introversión que tenemos. Nos hemos hecho a imagen y semejanza del ojo, nuestra mente depende directamente del ojo, somos altamente audiovisuales en este momento.

Entonces, nuestra práctica depende del ojo. Por eso cuando hacemos una posición, y todos los principiantes me lo preguntan siempre, “¿Podemos poner un espejo para saber si estamos bien?” Eso me lo preguntan a diario. ¿Se lo pueden poner? Lo que pasa es que mientras más espejo usan, mientras más siguen usando el ojo, más debilitan el resto de los canales sensoriales del cuerpo, que son los que van a dar la propiocepción.

Esa propiocepción del cuerpo es la que genera la percepción directa, o sea la conexión directa, como un ADSL, como internet, entre el cerebro y cada célula del cuerpo, y no entre el cerebro y el ojo que le dice al cerebro lo que está pasando con el resto del cuerpo, qué es lo que está pasando el día de hoy.

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El proceso de expansión de la conciencia que va a la par del proceso de concentración de la conciencia, van a la misma vez, trabajados juntos, permite que se entrene todas las fibras nerviosas del cuerpo y del cerebro para que la mente de una cobertura adireccional. Cuando al principio la mente trabaja de manera direccional y con esfuerzo, que tenemos que focalizarnos en el pie, o focalizarnos en el hombro, no tenemos realmente el hardware de nuestro cuerpo preparado para soportar un funcionamiento adireccional y todo abarcante de la conciencia.

Eso hace que tengamos que pasar necesariamente por una práctica precisa en la que el ojo todavía sigue siendo el que geométricamente nos dice, que el ásana es correcta, para poder discriminar y decir, todas estas diferencias que siento ahora, como la postura es correcta, se deben a la deficiencia de mi sistema osteo-muscular, nervioso, endócrino, etc., etc. Y poder arreglar todo esto y ponerlo en equilibrio.

Y una vez que llegamos a ese punto, sabemos que el instrumento con el que vamos a observar, nuestra mente y nuestro cuerpo, es un instrumento que está calibrado y equilibrado. O sea a partir de allí, empezamos a potenciar la percepción.

Si empezamos a intentar percibir sin lo primero, obviamente es como usar un microscopio o un telescopio opaco, en el que lo que vamos a ver está distorsionado; es decir, la práctica es errónea porque no partimos de un principio equilibrado y un principio cristalino que podamos ver sin distorsión, no vamos a sentir sin distorsión; nuestros nervios nos engañan para decirlo de alguna manera.

Y finalmente, la percepción hay que irla entrenando, hay que ir expandiendo el foco de atención hasta que no sea necesario saltar de un lado a otro, es decir, ya cuando la mente logra abarcar al cuerpo completo, no salta, porque ya está en todas partes, pero hay que entrenarlo, como si fuera una pesa. Igual, pero en el sistema nervioso. Así que precisión, percepción para después poder abordar la integración, ese es el orden.

José Antonio Cao
Profesor certificado de Yoga (Método Iyengar)
Serie de Videos – GRATIS: Los TRES Pilares del Yoga que debes Integrar en tu Práctica

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